28 nov. 2014

EL FANTASMA DEL PASADO




Hoy he tenido una pesadilla....he soñado que me despertaba y tenía 17 años más de golpe...Cuando me he levantado de la cama he suspirado con alivio, ¡uff todo sigue igual!Y entonces, al abrir Facebook para revisar algunas notificaciones, he vuelto a la cruda realidad: ¡Han pasado 17 años!
Lo primero que he visto ha sido la cara de mi ex novio en una foto de primerísimo plano y casi me caigo de culo. Después de casi dos décadas sin verlo y sin hablar con él, hoy he podido reencontrarme con su cara por primera vez en una eternidad y sí, es 17 años más mayor, está claro. Los años pasan por todos y no pasan en vano. No recuerdo que quisiera aceptarme como amiga en esta red social ni en la vida real, es una de esas personas que, probablemente, me odiará siempre (una de esas que cuando rompes con ella te duele más a ti que a la otra parte porque sabes que no conocerás a nadie tan bueno). Pero, al parecer, cuando agregas a alguien y publica algo sin privacidad, aparece en tu muro, aunque no seáis amigos oficialmente, sólo para darte en la narices y recordarte que el tiempo no transcurre en segundos sino en décadas ¡Maldito Facebook!


Últimamente no sé qué está pasando, parece que me hayan visitado los fantasmas del pasado ¿Será que se acerca la Navidad?? Creo que todos hemos visto la película que retransmiten en la TV cada Diciembre, en la que 3 fantasmas, representando al pasado, presente y futuro, visitan a un rico ejecutivo, vanidoso, egocéntrico y poco generoso, para removerle todo su interior e invitarle "amablemente" a cambiar...No sé si estos espíritus de la conciencia vuelven a nuestra vida cuando te encuentras en una época en medio de ninguna parte y en el comienzo de algo extraordinario que se llama exactamente NADA. Es esa fase en la que has terminado con todo y estás ordenando tus pensamientos, sentimientos, acciones....suele alargarse demasiado porque esas etapas de reflexión acaban volviéndose eternas, te acaban enganchando y se acomodan en tu vida con frases que tú misma repites: necesito más tiempo para encontrarme, encontrar esa verdadera esencia de tí misma que habías perdido por el camino. Te envuelven como una manta en invierno y ya no quieres volver a lo que eras...aquello de lo que ya ni te acuerdas; días esperando con ilusión un mensaje o una llamada, cuando te cambias de ropa tres veces y nada te parece suficientemente bueno, te miras al espejo en veinte ocasiones para que cuando salgas por la puerta todo sea perfecto y no se te pase por alto una raya mal pintada o un pelo mal colocado... Pero cada vez que piensas en eso, se te olvida que todo acabó en desastre y vuelves a repetir el mismo proceso del comienzo como si del día de la marmota se tratara. Sólo que un día ya no puedes obviar lo que viene después y te niegas a comenzar el atisbo al desastre...Y ese día descubres que te sientes serena, bien, sin cambios de humor, que dispones de todo el tiempo del mundo para tí, para nadie más, y que no hay obligaciones ni impaciencia, ni discusiones, ni dudas, ni desilusiones. La incertidumbre se ha ido dejando paso a la paz...Y es en este momento cuando a tu alrededor sólo ves parejas, bebés, embarazadas y ex novios que te recuerdan que ya no tienes 15 años. El tiempo pasa demasiado rápido.
La mejor muestra de todo esto, fue la visita que  he tenido del fantasma del pasado, el cual reapareció en mi vida para recordarme donde estaba hace 17 años en forma de fiesta-remeber 20 aniversario de HRC, la primera empresa donde trabajé. Allí volvimos a coincidir, después de una eternidad, caras conocidas y otras que costó un trabajo de chinos reconocer.

 El 90% estaba casado o emparejado, la mayoría con la misma persona de entonces, y el 95% tenía hijos, algunos superaban ya la familia numerosa...Entre recuerdos y risas se pasó la noche volando, el ex-novio de mi hermana, jefes enrollados, recuerdos de amores pasados, compañeras que se convirtieron en amigas o no tan amigas, todo mezclado como flashbacks en un filme...demasiada información para una noche, tanto que aún no sé bien si estuve allí o sólo observaba como una simple oyente, acompañada del espectro del pasado, a través de un escaparate atemporal. Eso o había viajado en la máquina del tiempo desde 1997, siendo sólo una adolescente,  hasta el 2014.
Al llegar a casa, me encontré con una sensación muy extraña que no había experimentado antes, seguida de una conclusión. El pasado siempre provoca sentimientos contradictorios, la mayoría tienen que ver con la nostalgia y, a veces producen un incómodo malestar por el recuerdo de que lo pasado forma parte de lo que hoy somos y por la imposibilidad de enmendar el comienzo de la historia que desembocó como resultado en lo que representamos actualmente. Y tengo claro que no quisiera volver a viajar hacia atrás para cambiar nada, porque pienso que por mucho que modificara, todo desembocaría en el mismo puerto en el que ahora me encuentro, sino únicamente para poder abrazar a quien ya no está aquí, esas personas que no asistieron a esta reunión y que ya no podrán cambiar absolutamente nada pues no existen más en el presente...Así que no me voy detener ni un segundo a quejarme por el pasado e intentaré vivir el presente plenamente, lamentar lo que ya no se puede arreglar es una pérdida de tiempo y no nos deja avanzar. Un excelente análisis sobre esta reflexión podría ser  la que es mi película favorita, desconocida para la mayoría: LLUVIA EN LOS ZAPATOS (TWICE UPON A YESTERDAY), que narra una mágica historia en la que el protagonista tiene la oportunidad de regresar al pasado para subsanar un error que cometió y cambió el rumbo de su vida. ¿Qué sucedería si pudiéramos retroceder en el tiempo y volver al punto exacto para poder cambiar ciertas cosas de las que nos arrepentimos? ¿Cambiaría eso nuestro destino? Todos querríamos subsanar errores anteriores sin grandes consecuencias, pero cada decisión y camino que escogemos tienen una resulta.
 La lección a aprender sería que hay muchas cosas pasadas que nos gustaría cambiar y, gracias al viaje fugaz al ayer, ahora sé cuáles. Una de ellas sería haber pronunciado NO muchas más veces de las que lo hice, ya que hubiera significado decirme  a mí misma y, la otra, es haber aprendido a utilizar el pasado como trampolín y no como sofá. Aunque la base es y será siempre la misma; todos somos la esencia de lo que fuimos, con más canas o arrugas...La gente no cambia.
¿Y ahora qué? ¿Después de todo este razonamiento qué viene? Me pregunto...Si todo sigue su curso supongo que mi próximo viaje será con un trayecto más largo y dudoso: el futuro. Digamos que este fantasma no me hace especial ilusión porque nunca he sido de querer saber lo que pasará mañana, me he cansado de "adivinar" el futuro del resto de la gente, con una precisión digna del quiromántico más famoso, echando cartas de Tarot. Pero nunca he querido hacer el experimento conmigo misma, prefiero vivir con la incertidumbre, la inocencia o la ilusión del desconocimiento, aunque, eso sí, si ese fantasma se deja ver antes de Navidad, prometo contároslo. Y algo me dice que aparecerá...